Mi primera vez… en un coche

Lo mejor fueron los preliminares. El resto se me hizo rápido y doloroso. No fue lo que esperaba, pero estoy deseando repetir.

Ahí estaba yo, ojiplático. Digiriendo que por fin se habían alineado los planetas para tener a mi disposición el tiempo, el lugar y la compañía requeridos para el plan. Porque a veces pensé que nunca sería el momento.

Y es que hay pocas cosas comparables a la emoción que experimentas cuando un plan que llevas deseando desde hace años se materializa por primera vez. Tu mente se ha ido montando una superproducción rellenando los huecos que deja lo que has ido experimentando/leyendo/viendo (o lo que te han contado) con altas dosis de efectos especiales provenientes de tu parte más idealista. 

Pero claro, las posibilidades de estrellarse en taquilla son enormes. Principalmente porque tu “presupuesto” se asemeja más a una peli de sobremesa de domingo en un canal en abierto que a algo proveniente de Hollywood.

Y cuanto más tiempo hay entre que se confirma el plan y el momento en que se materializa, más tiempo para que tus ilusiones te queden preciosas. Y más grande es el guantazo de realidad luego. Por eso creo que yo llevé tan mal el embarazo de mi primer descendiente. 40 semanas es mucha tela. ¡Ay, quién fuese zarigüeya!

El día del estreno

Por fin llegó el día del estreno. Todos estábamos ilusionados. Recuerdo perfectamente las risas nerviosas camino del descampado. Y cómo el atasco a la entrada no ayudó nada a esos nervios. 

Es verdad que los preliminares sí que ayudaron a mantener a tope las expectativas. Quizás era el ambiente que se respiraba, todas las actividades que organizaron, la luz. No sé. Supongo que una mezcla de todo. Lo que sí tengo claro es que durante ese rato previo a la película estuve muy relajado y disfruté mucho.

Luego llegó la oscuridad. Sintonizamos la radio. Adecuamos los sillones. Pedimos algo de comer. Y empezó el espectáculo.

Posturas incómodas, sobre todo a la hora de la comida. Alguna que otra equivocación. Perdimos el hilo en varias ocasiones. Además, nos interrumpieron más de lo que nos hubiese gustado. Y encima, si miraba a los otros coches, tenía la sensación de que todos lo hacían mejor. Todos parecían tenerlo todo controlado y disfrutar a tope. 

En resumen, rápido y doloroso. No fue lo que esperaba, pero estoy deseando repetir. Vamos, muy parecido a lo que sentí la primera vez que follé… en un coche.

Si realmente te he dejado con el interés de saber cómo fue “mi otra primera vez en un coche” coméntalo o escríbeme por privado. Si me llegan muchas peticiones quizás me salga a cuentas hacerme escritor de relatos eróticos.

Autocine

Por si todavía no ha quedado claro, esto va sobre mi primera experiencia en un autocine o cinecar. Siempre me había llamado la atención en las películas americanas y hace unas semanas nos estrenamos en este.

Me pareció un plan chulísimo para hacer con niños. Por lo menos nuestra descendiente se lo pasó en grande. Es cierto que nosotros fuimos en lo que denominaron algo así como la semana infantil. Y, además de la película (Encanto), hubo un cuentacuentos, animación, juguetes…

Pero creo que es de esas cosas que hay que hacer, al menos, una vez en la vida. Lo único que, dada mi experiencia, te recomiendo:

  • Evitar comer en el coche. Por lo menos si tus descendientes necesitan de tu ayuda para comer. Se puede hacer realmente incómodo.

    Nosotros la próxima vez comeremos en los restaurantes/foodtrucks que hay allí antes de la película, a pesar de que la comida me pareció cara y regulera. Aunque podríamos ir comidos de casa, es un sitio que se presta mucho a estar por allí interactuando un buen rato antes.

    Otra opción sería llevarnos nuestra propia comida, pero está prohibido. Entiendo que la mayoría de su margen de beneficios está en la restauración, y nosotros somos de esos “pringados” a los que les gusta cumplir las normas en casa ajena.

    Si tus descendientes son totalmente autónomos con el tema de la comida, sí que te recomiendo que pruebes la opción de hacer el pedido desde el coche. Tiene su gracia. Aunque si tienes la mala suerte de que se equivoquen en el pedido, asume que te vas a perder una parte de la peli.
  • Llegar pronto. No es sólo ver la película. Como comentaba antes, es un sitio que da para pasar la tarde. Además que, si vas pronto, imagino que te evitarás el atasco que se forma al entrar.
  • Ir con buen clima. Aunque el frío en el coche se evita con la calefacción, creo que, tanto fuera del vehículo como dentro, se disfruta más con una buena temperatura y sin lluvias.
  • Ser eco-nsciente. Nosotros la próxima vez llevaremos una radio u otra alternativa para no tener que estar todo el tiempo con el coche arrancado ni tener que acabar empujándolo para arrancar. Sobre todo porque allí no hay ni una cuesta.

Si has probado esta forma de ir al cine no dudes en contarnos tu experiencia y dar tus propias recomendaciones. Así conoceremos más lugares a los que ir y más trucos que nos ayuden a disfrutar más de este tipo de experiencia.

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