La culpa es del espejo

Yo cada vez tengo más cuidado con lo que me creo de aquello que me dice “mi espejo”.

Un día te levantas y no te reconoces en el espejo. Pero no tienes claro si son las ojeras por no dormir, la calvicie del estrés o la mierda que tiene el propio espejo porque otra semana más no has podido limpiarlo.

Pues si un día como ese lees a tus descendientes el cuento de Blancanieves, te das cuenta de que llevamos toda la vida malinterpretándolo. El malo es el puto espejo. Vale que la primera vez le digas la verdad a tu dueña y reconozcas que la chica es más guapa que ella. Pero cuando manda al cazador a que la mate y traiga su corazón… Pedazo de cabrón, no le digas que sigue viva; y encima dónde está.

Y dicen que da mala suerte que se rompa un espejo. Mala suerte es tener uno entero en tu casa viendo como se las gastan.

Total, que no se tú, pero yo cada vez tengo más cuidado con lo que me creo de aquello que me dice “mi espejo”. E intento que mis descendientes tengan todavía más cuidado con lo que le dicen sus espejos (incluido yo).

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