El sueño de la casa en el árbol

Hay muchas formas de dormir entre copas. Antes el resultado era despertar con una buena pájara y ahora el tema es más de despertar entre pájaros.

Una de las cosas con las que soñaba en mi infancia era tener una casita en un árbol.

Lo más cerca que estuve fue una construcción guarrera con cartones que hice con unos vecinos. No duró más de 2 días. Y no porque la estructura no estuviese bien planteada, sino porque el barrio era/es hostil. Ya tu sabes, gusta más romper que hacer.

Quizás por eso acabé siendo tester.

Así que sin un árbol propio y con mis padres trabajando todo el día en el bar, no tardé mucho en asumir que no sería algo viable.

Pero este tema volvió a mi cabeza cuando la paternidad se puso sobre la mesa. Como padre, creo que no hay nada más idílico que construirle una casita en un árbol a tus descendientes. Eso sería entrar en el paseo de la fama de los padres. Coronarte y, probablemente, garantizar que los cabroncetes te ignoren un poco menos cuando no puedan exprimirte más.

Así que, por supuesto, eso estaba en mi lista de cosas a hacer cuando fuese padre.

Sí, esa lista que fue a la basura cuando me convertí finalmente en padre.

¿Cómo construir una casa en un árbol?

Quitando la excusa general de la falta de tiempo, que te sirve para liberarte de todo, por fin tenía el ingrediente principal para poder construir la casita… un árbol propio. Bueno, realmente yo no, pero sí hay uno en la parcela de verano de mis padres que espero heredar como parte de mi plan para exprimirlos al máximo (ostras, esto no se va con la edad).

Así que, en uno de mis alardes de «puedocontodismo», me puse a buscar cómo hacer una.

Pronto recordé que no soy tan manitas como el otro papá ganso.

Pero mi cabeza buscó una solución rápida, la que (casi) nunca falla… pagar. Y busqué especialistas en el tema.

Ahora me han entrado ganas de montar un camping, es que no aprendo con esto de tirar del hilo.

Y sí, a mi también me han sangrado un poco los ojos al ver esta web. Creo que les voy a escribir comentándoles algunos fallitos y recomendándoles un diseñador.

Vuelvo al post. Tras hacer números, opté por practicar un poco la técnica del árbol (venía muy al cuento), que me la ha enseñado mi descendiente mayor. Respiré, levanté las manos y busqué alguna alternativa más viable.

Alternativas a construir una casa en un árbol

Supongo que, después de una lista interminable de cosas que me han defraudado después de invertir mucho tiempo y/o dinero en ellas, he aprendido que lo mejor para valorar algo es lo experiencial.

Así que antes de darme la paliza para que luego mis descendientes me dijeran cosas del tipo “hay muchos bichos en la casita” o “es que prefiero jugar con los restos de serrín”, decidí ir a una que ya estuviera construida.

Vale, realmente fue para quitarme yo la espinita y estar en una adaptada a mi tamaño.

Si tú también quieres vivir esta experiencia, la cual recomiendo, échale un ojo a este artículo donde recogen algunas de las opciones que hay por España.

Monte Holiday

Nosotros, por cercanía, fuimos a este camping que hay al norte de Madrid.

Lo primero que tengo que decir al respecto es que sentí un poco de publicidad engañosa porque no es lo mismo «casas en los árboles» que «casas entre los árboles». Igual que no es lo mismo «en bolas» que «entre bolas».

Quizás es que sea muy tiquismiquis, pero me gusta llamar a la cosas por su nombre para evitar sustos.

Lo segundo es que creo que me costó más sacarme la carrera universitaria que entender todo el proceso de check-in. Me pareció demasiada información, un poco desestructurada y liosa. Aunque también puede ser, simplemente, que la neurona no me de para más.

Y lo tercero es que fue maravilloso. Pero no sólo por el hecho de dormir en altura rodeado de copas de árboles y pájaros, sino por:

  • El entorno. Un sitio tranquilo y extenso con bastante vegetación.
  • El trato recibido, porque todo el mundo nos trató fenomenal y nos facilitó las cosas.
  • El restaurante. No se come nada mal (para el precio), hay un ambiente joven que da bastante alegría (y que supongo que me recuerda mis tiempos en el bar familiar) y no tuvieron ningún problema en reconocer que la comida viene preparada y buscar una alternativa a la intolerancia de mi mujer.
  • Las actividades que pudimos hacer con la descendiente mayor (el pequeño sigue en fase ameba): agua en diferentes formatos, una granja, actividades infantiles con monitoras, un concierto. La pena es que todavía es pronto para meterla en el multiaventura.

Es cierto que nosotros fuimos solo 3 días entre semana y la gente que pasa allí largas estancias nos comentó que a veces se satura mucho, pero con lo que yo vi lo recomiendo totalmente si eres de la zona.

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